Una de cal y otra de arena
El dicho popular dice que en la vida te depara una de cal y otra de arena, haciendo referencia a la alternancia entre las cosas buenas y malas que nos pasan. Si establecemos que la cal es lo bueno y la arena lo malo, podríamos decir –sin miedo a equivocarnos- que en el devenir de la naturaleza abunda claramente la arena, pero eso no quita que, de cuando en cuando, nos encontremos una de cal.
Podemos estar satisfechos por el cambio de actitud de la empresa que gestiona la conservación de la carretera nacional 420 que hasta fechas recientes solía quemar los restos vegetales del mantenimiento de cunetas. Para ser más exactos tenemos que decir que no siempre se producía esa quema, unas veces se astillaban las ramas in situ y otras se transportaban a la base de mantenimiento para ir acopiándolas en un gran montón que terminaba por arder cuando el material estaba seco. Probablemente dependía del criterio del encargado de turno o de lo cómodo que resultase en cada momento una u otra opción.
En Esparvel nos parecía irracional que en el actual escenario de cambio climático y con una apuesta –al menos sobre el papel- por reducir las emisiones de CO2, se esté quemando madera sin aprovechamiento alguno.
Para evitar caer en sentimentalismos ambientales y reforzar nuestro argumento llegamos a efectuar una consulta al Ministerio de Medio Ambiente y Transición Ecológica sobre estas quemas. La contestación fue meridiana, no se puede eliminar los residuos vegetales de la explotación de carreteras mediante su quema, salvo autorización expresa justificada en la existencia de alguna plaga o enfermedad vegetal que aconseje la incineración.
Por parte de Esparvel se puso de manifiesto esta práctica ante la Administración Regional, en concreto lo denunciamos en todas las reuniones que celebró la Comisión Provincial de Seguimiento de la Agenda 2030, desde su constitución hasta el día de la fecha, Comisión en la que están representadas todas las Delegaciones de la Junta. Igual que denunciábamos esas quemas los Delegados tomaban nota o al menos lo simulaban, pero con eficacia cero. Dudo hasta de que en algún momento se pusieran en contacto con los responsables para recriminarles su comportamiento, de sanciones ni hablamos.
Ante la frustración que supone machacar en hierro frío y constatando que la Administración competente no movía un dedo, pusimos la situación en conocimiento de la Guardia Civil. No conocemos con detalle los hechos pero a partir de ese momento no se han quemado más montones de ramas y en las labores de mantenimiento, al menos en el tramo entre Cuenca y Fuentes, todos los restos vegetales se han astillado y se han quedado en su sitio, descomponiéndose lentamente y enriqueciendo el suelo.
Vaya desde aquí nuestro agradecimiento al Instituto Armado y en particular al SEPRONA, del que podemos atestiguar su profesionalidad y buen hacer.
La moraleja de esta situación tiene dos vertientes. Primero, que la Administración suele ser inoperante y no responde más que a denuncias públicas en las que se cuestiona su forma de actuar. Segundo, que la vara es lo único que nos hace reaccionar.